Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo -Lo recuerdo, en efecto; pero aquella isla, como todas las del Chad, estará sin duda habitada por una chusma de piratas y asesinos que seguramente habrán sido testigos de nuestra catástrofe, y si Joe cae en sus manos, ¿que será de él, a no ser que la superstición le proteja?
-Él es perfectamente capaz de ingeniárselas para salir de apuros, te lo repito; confÃo en su destreza y en su inteligencia.
-También yo. Ahora, Dick, vete a cazar por las inmediaciones, pero no te alejes. Urge renovar nuestros vÃveres, de los cuales hemos sacrificado la mayor parte.
-Bien, Samuel; volveré pronto.
Kennedy cogió una escopeta de dos cañones y, por entre las crecidas hierbas, se dirigió a un bosque bastante cercano. Repetidos disparos dieron a entender al doctor que la caza serÃa abundante.
Entretanto, él se ocupó de hacer el inventarlo de los objetos conservados en la barquilla y de establecer el equilibrio del segundo aeróstato. Quedaban unas treinta libras de pemmican, algunas provisiones de té y café, una caja de un galón y medio de aguardiente y otra de agua totalmente vacÃa; toda la carne seca habÃa desaparecido.