Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo Joe ni siquiera se volvió al oÃr el disparo. Una parte de los perseguidores se detuvo e hincó la frente en el polvo al ver el Victoria; pero los demás continuaron acosando de cerca al fugitivo.
-Pero ¿qué hace Joe? -exclamó Kennedy-. ¡No se detiene!
-¡Sabe lo que se hace, Dick! ¡Le he comprendido! ¡Sigue la dirección del globo! ¡Cuenta con nuestra inteligencia! ¡Bien, valiente! ¡Se lo arrebataremos a los árabes en sus mismas barbas! No estamos más que a doscientos pasos.
-¿Qué hay que hacer? -preguntó Kennedy.
-Deja la carabina.
-Ya está-dijo el cazador, soltando el arma-. ¿Y ahora?
-¿Puedes sostener en tus brazos ciento cincuenta libras de lastre?
-Aunque sean más.
-Bastan las que te digo.
Y el doctor fue amontonando sacos de arena sobre los brazos de Kennedy.
-Colócate en la popa de la barquilla y estáte preparado para echar todo el lastre de golpe. ¡Pero, por Dios! No lo arrojes antes de que te lo diga.
-¡Descuida!
-De otro modo, errarÃamos el golpe y perderÃamos a Joe irremisiblemente.