Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo -Amigo Samuel -respondió el cazador-, tú, más competente que nosotros en la materia, eres el único juez de la situación; dinos lo que hemos de hacer y lo haremos.
-A sus órdenes, señor.
-Os repito, amigos míos, que aunque reconozco la gravedad de la determinación, hemos de sacrificar nuestro aparato.
-¡Sacrifiquémoslo! -replicó Kennedy.
-¡Manos a la obra! -dijo Joe.
La operación presentó numerosas dificultades. Fue preciso desmontar el aparato pieza por pieza. Primero quitaron la caja de mezcla, después la del soplete y por último la caja donde se operaba la descomposición del agua. Se necesitó la fuerza reunida de los tres viajeros para arrancar los recipientes del fondo de la barquilla, donde se hallaban incrustados; pero Kennedy era tan fuerte, Joe tan diestro y Samuel tan ingenioso que vencieron todas las dificultades. Las diversas piezas fueron sucesivamente arrojadas, y desaparecieron abriendo grandes agujeros en el follaje de los sicomoros.
-Los negros se quedarán muy asombrados -dijo Joe- al encontrar en los bosques semejantes objetos. Capaces serán de convertirlos en ídolos.