Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo -Vuestro combate de generosidad es inútil, mis buenos amigos -intervino Fergusson-; espero que no lleguemos a tal extremo, y en el caso de llegar a él, lejos de separarnos, permaneceríamos juntos para atravesar el país.
-Eso es lo mejor -dijo Joe-. Un paseíto no nos vendría mal.
-Pero, antes -repuso el doctor-, echaremos mano de un último medio para aligerar nuestro Victoria.
-¿Cuál? -preguntó Kennedy-. Estoy en ascuas deseando conocerlo.
-Debemos desprendernos de las cajas del soplete, de la pila de Bunsen y del serpentín que nos obligan a arrastrar por los aires novecientas libras.
-Pero, Samuel, ¿cómo obtendrás luego la dilatación del gas?
-De ninguna manera; nos las arreglaremos sin ella.
-Pero…
-Oídme, amigos: he calculado muy exactamente lo que nos queda de fuerza ascensional, y es suficiente para transportarnos a los tres con los pocos objetos que llevamos. No pesaremos más de quinientas libras, incluidas las anclas, que tengo interés en conservar.