Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo Un cÃrculo de fuego rodeaba al Victoria. Los chasquidos de los troncos secos se mezclaban con los gemidos de las ramas verdes. Los bejucos, las hojas, todas las partes vivas de aquella vegetación exuberante se retorcÃan envueltas en el elemento destructor. La mirada se perdÃa en un océano en llamas; los grandes árboles destacaban en negro en la inmensa fragua, con las ramas cubiertas de ascuas; el inflamado conjunto se reflejaba en las nubes, y los viajeros creyeron hallarse encerrados en una esfera de fuego.
-¡Huyamos! -exclamó Kennedy-. ¡A tierra! ¡Es nuestra única posibilidad de salvación!
Pero Fergusson lo detuvo con mano firme y, precipitándose hacia la cuerda del ancla, la cortó de un hachazo. Las llamas, prolongándose hacia el globo, lamÃan ya sus iluminadas paredes; pero el Victoria, libre de sus ataduras, se elevó más de mil pies.
Espantosos gritos resonaron en el bosque, acompañados de violentas detonaciones de armas de fuego. El globo, atrapado por una corriente que se levantaba con el dÃa, puso rumbo al oeste.
Eran las cuatro de la mañana.