Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo Toda la persona del doctor respiraba una gravedad tranquila, que no permitÃa ni remotamente acariciar la idea de que pudiese ser instrumento de la más insignificante farsa.
Asà es que los hurras y los aplausos no cesaron hasta que, con un ademán amable, el doctor Fergusson pidió un poco de silencio. A continuación se acercó al sillón dispuesto expresamente para él y desde allÃ, en pie, dirigiendo a los presentes una mirada enérgica, levantó hacia el cielo el Ãndice de la mano derecha, abrió la boca y pronunció esta sola palabra:
-¡Excelsior!
¡No! ¡Ni una interpelación inesperada de los señores Dright y Cobden, ni una demanda de fondos,extraordinarlos por parte de lord Palmerston para fortificar los peñascos de Inglaterra, habÃan obtenido nunca un éxito tan completo! El discurso de sir Francis M… habÃa quedado atrás, muy atrás. El doctor se manifestaba a la vez sublime, grande, sobrio y circunspecto; habÃa pronunciado la palabra adecuada a la situación: "¡Excelsior!"
El viejo comodoro, completamente adherido a aquel hombre extraordinario, reclamó la inserción "Ãntegra" del discurso de Samuel Fergusson en los Proceedings of the Royal Geographical Society of London.
