De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna -Pido que no se opongan obstáculos a la libre discusión de las ideas -repuso el displicente J. T. Maston-, y sostengo que el territorio desde el cual se lance nuestro glorioso proyectil, debe ser parte integrante de la Unión.
-¡Sin duda! -respondieron algunos miembros.
-¡Pues bien! Puesto que nuestras fronteras no son bastante extensas, puesto que al Sur nos opone el océano una barrera insuperable, puesto que tenemos necesidad de ir a buscar más allá de los Estados Unidos este paralelo 28 que nos es tan preciso, se nos presenta un casus belli legÃtimo y pido que se declare la guerra a México.
-¡No! ¡No! -exclamaron muchas voces al unÃsono.
-¿Conque no? -replicó J. T. Maston-. No, es un monosÃlabo que me resulta totalmente incomprensible en este recinto.
-¡Pero, escuchad...!
-¡No puedo escuchar nada! -exclamó el fogoso orador-. Tarde o temprano la guerra se hará, y pido que estalle hoy mismo.
-¡Maston! -dijo Barbicane haciendo sonar el timbre con estrépito-. ¡Os suplico que no sigáis hablando!
Maston quiso replicar, pero algunos de sus colegas pudieron contenerle.