De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna Esta disposición, apenas fue conocida, puso a los diputados de Tejas de un humor de perros. Se apoderó de ellos un furor indescriptible, y dirigieron insultos desmedidos a los distintos miembros del Gun-Club. Los magistrados de Baltimore no podÃan tomar más que un partido, y lo tomaron. Mandaron preparar un tren especial, metieron en él de grado o fuerza a los tejanos, y les hicieron abandonar la ciudad con una rapidez de treinta millas por hora.
Pero, por precipitado que fuese su obligado viaje, tuvieron tiempo de echar un último sarcasmo amenazador a sus adversarios. Aludiendo a la poca extensión de Florida, penÃnsula en miniatura encerrada entre dos mares, se consolaron con la idea de que no resistirÃa al sacudimiento del disparo y saltarÃa al primer cañonazo.
-¡Que salte! -respondieron los floridenses, con un laconismo digno de los tiempos antiguos.
XII