De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna Los Estados de la Iglesia no creyeron prudente enviar menos de 7.040 escudos romanos, y Portugal llegó a desprenderse por la ciencia hasta de 30.000 cruzados.
En cuanto a México, no pudo dar más que 86.000 pesos fuertes, pues los imperios que se están fundando andan algo apurados. Doscientos cincuenta y siete francos fueron el modesto tributo de Suiza para la obra americana... Digamos francamente que Suiza no acertaba a ver el lado práctico de la operación; no le parecÃa que el acto de enviar una bala a la Luna fuese de tal naturaleza que estableciese relaciones diplomáticas con el astro de la noche, y se le antojó que era poco prudente aventurar sus capitales en una empresa tan aleatoria. Si se piensa bien, Suiza tenÃa, tal vez, razón.
Respecto a España, no pudo reunir más que ciento diez reales. Dio como excusa que tenÃa que concluir sus ferrocarriles. La verdad es que la ciencia en aquel paÃs no está muy considerada. Se halla aún aquel paÃs algo atrasado. Y, además, ciertos españoles, y no de los menos instruidos, no sabÃan darse cuenta exacta del peso del proyectil, comparado con el de la Luna, y temÃan que la sacase de su órbita; que la turbase en sus funciones de satélite y provocase su caÃda sobre la superficie del globo terráqueo. Por lo que pudiera tronar, lo mejor era abstenerse. Asà se hizo, salvo unos cuantos realejos.