De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna Por lo demás, Barbicane era el alma de aquella muchedumbre que acudió a su llamamiento. Él la alentaba, la animaba y le comunicaba su energÃa y su entusiasmo; su persona se hallaba en todas partes, como si hubiese estado dotado del don de ubicuidad, seguido siempre de J. T. Maston, su mosca zumbadora. Con él no habÃa obstáculo ni dificultades, ni contratiempos: era minero, albañil y maquinista tanto como artillero, teniendo respuestas para todas las preguntas y soluciones para todos los problemas. Estaba en correspondencia constante con el Gun-Club y con la fábrica de Goldspring, y dÃa y noche, con las calderas encendidas, con el vapor en presión, el Tampico aguardaba sus órdenes en la rada de Hillisboro. El primer dÃa de noviembre Barbicane salió de Tampa con un destacamento de trabajadores, y al dÃa siguiente se habÃa levantado alrededor de Stone's Hill una ciudad de casas metálicas que se cercó de empalizadas, la cual, por su movimiento, por su actividad, poco o nada tenÃa que envidiar a las mayores ciudades de la Unión. Se reglamentó cuidadosamente el régimen de vida y empezaron las obras.
Sondeos escrupulosamente practicados permitieron reconocer la naturaleza del terreno, y empezó la excavación el 4 de noviembre. Aquel dÃa, Barbicane reunió a los jefes de los talleres y les dijo: