De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna -No haré semejante disparate, Maston; la fundición del columbiad es una operación delicada que puede también ser peligrosa, y prefiero que se ejecute a puerta cerrada. A1 dispararse el proyectil, toleraremos todo el bullicio que se quiera, pero no antes.
En efecto, la operación podÃa dar origen a peligros imprevistos, y, además, una gran afluencia de espectadores estorbarÃa tal vez para conjurar una catástrofe. ConvenÃa mucho conservar la libertad de movimiento. Asà es que a nadie se permitió entrar en el recinto, a excepción de una delegación de individuos del Gun-Club, que se habÃa trasladado a Tampa. Figuraban entre ella el entusiasta Bilsby, Tom Hunter, el coronel Blomsberry, el mayor Elphiston, el general Morgan y otros, para quienes la fundición del columbiad era una cuestión personal. J. T. Maston se convirtió espontáneamente en su cicerone; no omitió ningún pormenor; les condujo a todas panes, a los almacenes, a los talleres, a las máquinas, y les obligó a visitar uno tras otro, no obstante ser perfectamente iguales, los mil doscientos hornos. Al efectuar la visita mil doscientas, estaban algo cansados.