De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna Se presentó, y la multitud guardó silencio. Un ciudadano tomó la palabra, y dirigió a Barbicane la siguiente pregunta:
-¿El personaje designado en el parte bajo el nombre de Michel Ardan se dirige hacia América? ¿Sí o no?
-Señores -respondió Barbicane-, no sé más que lo que saben ustedes.
-Pues es preciso saberlo -gritaron algunos con impaciencia.
-El tiempo nos lo dirá -respondió con sequedad el presidente.
-No reconocemos ningún derecho para mantener en un estado de ansiedad penosa a un pueblo entero -replicó el orador-. ¿Habéis modificado los planos del proyectil de conformidad con lo que dice el telegrama?
-Todavía no, señores; pero tenéis razón; es preciso saber a qué atenernos, y el telégrafo, que ha causado toda esta conmoción, completará nuestros informes.
-¡Al telégrafo! ¡Al telégrafo! -exclamó la muchedumbre. Barbicane bajó, y, seguido del inmenso gentío, se dirigió a las oficinas de la administración.
Pocos minutos después se envió al síndico de los corredores marítimos de Liverpool un parte en el que se le hacían las siguientes preguntas:
«¿Qué buque es el Atlanta? ¿Cuándo salió de Europa? ¿Llevaba a bordo a un francés llamado Michel Ardan?»