De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna -En 1815, los astrónomos Louville y Halley, observando el eclipse del 3 de mayo, notaron en la Luna ciertos fulgores de una naturaleza extraña, frecuentemente repetidos. Los atribuyeron a tempestades que se desencadenan en la atmósfera que envuelve a veces la Luna.
-En 1815 -replicó el desconocido-, los astrónomos Louville y Halley tomaron por fenómenos lunares fenómenos puramente terrestres, tales como bólidos, aerolitos a otros, que se producían en nuestra atmósfera. He aquí lo que respondieron los sabios al anuncio del citado fenómeno, y lo mismo respondo yo, ni más ni menos.
-Quiero suponer que tenéis razón -respondió Ardan, sin que la contestación de su adversario le hiciese la menor mella-. ¿No observó Herschel, en 1787, un gran número de puntos luminosos en la superficie de la Luna?
-Es verdad, pero sin explicarse su origen. Él mismo no dedujo de su aparición la necesidad de una atmósfera lunar.
-Bien respondido -dijo Michel Ardan, cumplimentando a su antagonista-; veo que estáis muy fuerte en selenografía.