De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna -Ya veis, pues, mi querido caballero, que no conviene pronunciarse de una manera absoluta contra la existencia de una atmósfera en la superficie de la Luna. Esta atmósfera es probablemente muy poco densa, bastante sutil, pero la ciencia en la actualidad admite generalmente su existencia.
-No en las montañas, por más que lo sintáis -respondió el desconocido, que no querÃa dar su brazo a torcer.
-Pero sà en el fondo de los valles, y no elevándose más a11á de algunos centenares de pies.
-Aunque asà fuese, harÃais bien en tomar vuestras precauciones, porque el tal aire estará terriblemente enrarecido.
-¡Oh! Caballero, siempre habrá el suficiente para un hombre solo, y además, una vez allÃ, procuraré economizarlo todo lo que pueda y no respirar sino en las grandes ocasiones.
Una estrepitosa carcajada retumbó en los oÃdos del misterioso interlocutor, el cual paseó sus miradas por la asamblea desafiándola con orgullo.