De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna —¡Véase lo que son los sabios! ¡Siempre hacen lo mismo! ¡DarÃa veinte pesos por caer sobre el observatorio de Cambridge y aplastar en él a todos esos emborronadores de papel!
De repente el capitán hizo una reflexión que se dirigÃa a Barbicane.
—¡Sin embargo! —dijo—, son las siete de la mañana; hace treinta y dos horas que hemos partido; hemos recorrido más de la mitad de nuestro trayecto y no caemos, que yo sepa!