De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna —¡Bello paÃs! —dijo Miguel—. Pero no importa; quisiera estar ya en él. ¡Ah, camaradas, qué curioso serÃa tener la Tierra por Luna, verla alzarse en el horizonte, reconocer la configuración de sus continentes y decir: allà está Europa; allà América; y seguirla después, cuando va a perderse en los rayos del Sol! A propósito, amigo Barbicane, ¿tienen eclipses los selenitas?
—SÃ, eclipses de Sol —respondió Barbicane—, cuando los centros de los tres astros se encuentran en la misma lÃnea, hallándose la Tierra en medio. Pero son eclipses anulares, durante los cuales la Tierra, proyectándose como una pantalla sobre el disco solar, deja ver a su alrededor gran parte de éste.
—¿Y por qué —preguntó Nicholl— no hay eclipse total? ¿Acaso no se extiende más allá
de la Luna el cono de sombra que la Tierra proyecta?