De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna —Además —añadió el capitán Nicholl— en terreno llano, el proyectil quedará inmóvil en cuanto llegue en cambio en una pendiente, rodarÃa como un alud, y como nosotros no somos ardillas, dudo que saliéramos sanos y salvos. De manera que todo va a pedir de boca. En efecto, no parecÃa dudoso el éxito de la audaz tentativa; sin embargo, una reflexión preocupaba a Barbicane, quien no obstante, la calló, para no inquietar a sus compañeros. La dirección del proyectil hacia el hemisferio Norte de la Luna probaba que su trayectoria habÃa sufrido cierta modificación. El tiro, matemáticamente calculado, debÃa llevar la bala al centro mismo del disco lunar. Si no llegaba allà era señal de que habÃa desviación. ¿Qué causa la habÃa producido? Barbicane no podÃa adivinarlo ni determinar la importancia de esa desviación, porque le faltaban los puntos de mira. Esperaba les llevase hasta el borde superior de la Luna, región más favorable para la llegada.
Sin comunicar sus temores a sus amigos, se limitó Barbicane a observar frecuentemente la Luna, procurando ver la dirección del proyectil si modificaba. Porque la situación serÃa desesperada si el proyectil, errando el blanco y pasando del disco lunar, se lanzaba a los espacios interplanetarios.