De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna —¡Basta! —dijo Miguel—. ¡No hablemos más de volver! Demasiado hemos halado ya. En cuanto a comunicar con nuestros antiguos colegas de la Tierra no será cosa difÃcil.
—¿Y cómo?
—Por medio de bólidos lanzados por los volcanes lunares.
—Bien pensado, Miguel —respondió Barbicane, con tono de convicción—. Laplace ha calculado que bastarÃa una fuerza once veces superior a la de nuestros cañones para enviar un bólido de la Luna a la Tierra. Ahora bien, hay volcán que no tenga una potencia impulsiva superior a ésta.
—¡MagnÃfico! —exclamó Miguel—. Vean ahà unos factores cómodos y que costarán nada. ¡Cómo vamos a reÃrnos de la Administración de Correos! Pero ahora se me ocurre...
—¿Qué se te ocurre?