De la Tierra a la Luna

De la Tierra a la Luna

Así se ve figurar en su mapa un Sinaí en medio de una Arabia, un Etna en el centro de una Sicilia, Alpes, Apeninos, Cárpatos, el Mediterráneo, el Palus Meotides, el Ponto Euxino y el mar Caspio; nombres por lo demás, mal aplicados, porque ni aquellas montañas ni aquellos mares presentan la configuración de sus homónimos en la Tierra. Difícilmente podría reconocerse en una gran mancha blanca unida por el sur a extensos continentes y acabada en punta, la imagen invertida de la península india del golfo de Bengala y de la Conchinchina. 

Así, estos nombres no se conservaron. Otro cartógrafo, más conocedor del corazón humano, propuso una nueva nomenclatura, que la vanidad de los hombres se apresuró a adoptar. Fue este observador el padre Riccioli, contemporáneo de Hevelius, quien trazó un mapa grosero y plagado de errores; pero puso a las montañas de la Luna los nombres de diferentes personajes célebres de la Antigüedad y de sabios de su época, uso muy admitido después. 

En el siglo XVII, Domingo Cassini formó un tercer mapa de la Luna, superior al de Riccioli en la ejecución, aunque inexacto en las medidas. Se publicaron de él varias ediciones; pero las planchas, conservadas largo tiempo en la Imprenta Real de París, se vendieron al fin como cobre viejo.


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