De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna A más de las obras de estos sabios, se citan los relieves selenográficos del astrónomo alemán julio Schinidt, los trabajos topográficos del padre Secchi, las magnÃficas pruebas del aficionado inglés Waren de la Due, y, finalmente, un mapa sobre proyección orográfica de los señores Lecouturier y Chapuis, hermoso modelo trazado en 1860, de dibujo exactÃsimo y muy clara disposición.
Tal es el catálogo de los diferentes mapas relativos al mundo lunar, Barbicane poseÃa dos, el de Beer y Moedler,.y el de Chapuis y Lecouturier; con el auxilio de ambos debÃa facilitarse sus trabajos de observador.
En cuanto a los instrumentos de óptica de que disponÃan, eran excelentes anteojos marinos, preparados especialmente para aquel viaje. Su fuerza llegaba a aumentar cien veces el tamaño de los objetos, lo que equivale a decir que hubiera hecho ver en la Tierra a la Luna a distancia de unas mil leguas. Pero entonces hallándose los observadores a cosa de las tres de la madrugada, a menos de ciento veinte kilómetros del astro, y sin el intermedio de atmósfera alguna que les perjudicara la visión, los instrumentos debÃan acercar la superficie lunar a unos mil quinientos metros de distancia.