De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna —¡Vaya una idea! —respondió Nicholl—. Pero es probable que Képler no conociera las verdaderas dimensiones de esos circos; porque el abrirlos habrÃa sido una obra de gigantes, impracticable para los selenitas.
—¿Por qué, si la gravedad en la superficie de la Luna es seis veces menos que en la Tierra? —dijo Miguel.
—¿Pero y sà los selenitas son seis veces más pequeños? —replicó Nicholl.
—¿Y si no hay selenitas? —añadió Barbicane.
Estas palabras terminaron el debate.
No tardó en desaparecer Eratóstenes bajo el horizonte, sin que el proyectil se hubiera cerrado lo suficiente para permitir una observación rigurosa. Aquella montaña separaba por completo los Apeninos de los Cárpatos.
En la orografÃa lunar se han distinguido varias cordilleras que se hallaban distribuidas principalmente en el hemisferio septentrional. Algunas, sin embargo, ocupan ciertas porciones del hemisferio sur.
Véase la tabla de estas diferentes cordilleras, indicadas al Sur y al Norte, con sus latitudes y sus alturas tomadas de las cimas de mayor elevación:
Monte Doerfel 84° 7,603 metros
Monte Leibniz 65° 7,600
Monte Rok 20° a 30° 1,600