De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna El primero que las señaló a la atención de los sabios fue Schroeter en 1789. Después las estudiaron otros, entre ellos Pastoff, Gruithuysen, Beer y Moedler. Hoy su número se eleva a setenta; pero si han sido contadas, en cambio no se ha determinado su naturaleza. Está demostrado, sin embargo, que no son fortificaciones, ni lechos de antiguos rÃos hoy secos; porque por una parte, las aguas, tan ligeras en la superficie de la Luna, no hubieran podido abrir tales cauces, y por otra, aquellos surcos atraviesan muchas veces cráteres situados a gran elevación. No obstante hay que reconocer que Miguel Ardán tuvo una idea algo fundada, y que, sin saberlo él, era la misma de Julio Schmidt.
—¿Por qué razón —decÃa— esas inexplicables apariencias no han de ser fenómenos de vegetación?
—¿Y en qué te fundas para sospecharlo? —preguntó Barbicane.
—No te alteres, dignÃsimo presidente —respondió Miguel—. ¿No podrÃa suceder que esas lÃneas oscuras, que parecen formar espaldones, fuesen hileras de árboles dispuestos con regularidad?
—¿Te has empeñado en ver vegetación? —dijo Barbicane.