De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna Este incidente, más que un fenómeno cósmico, era un peligro amenazador, cuyas consecuencias podÃan ser desastrosas.
En medio del éter y entre sus tinieblas profundas habÃa aparecido de repente una masa enorme. Era como una luna, pero incandescente, y de un brillo tanto más insoportable cuanto que rompÃa fuertemente la profunda oscuridad del espacio. Aquélla masa, de forma circular, despedÃa una luz tal que inundaba completamente el proyectil. Las caras de Barbicane, de Nicholl, de Miguel Ardán, violentamente iluminadas con sus blancas ráfagas, tomaban esta apariencia especial lÃvida, cadavérica, que los fÃsicos producen con la luz artificial del alcohol impregnado de sal.
—¡Diablo! —gritó Miguel Ardán—. ¡Estoy horrorizado! ¿Qué inesperada Luna es ésta?
—Un bólido —contestó Barbicane.
—¿Un bólido inflamado en el vacÃo?
—SÃ.