De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna “Son ellos que vuelven”, habĂa dicho el joven guardia, y todos le habĂan comprendido. Nadie ponĂa en duda que el bĂłlido era el proyectil del “Gun-Club”. En cuanto a la suerte de los viajeros que encerraba, estaban divididas las opiniones.
—Han muerto —decĂa uno.
—Viven —respondĂa otro—. La capa de agua es profunda y la caĂda ha sido amortiguada por el agua.
—Pero les habrá faltado el aire —decĂa otro—, y habrán muerto asfixiados.
—¡Quemados! —replica otro—. El proyectil no era más que una masa incandescente al atravesar la atmósfera.
—¡No importa! —exclamó el capitán—. Vivos o muertos, hay que sacarlos del fondo del mar.
Mientras tanto, sus oficiales, y con su permiso, celebraban consejo. Se trataba de tomar inmediatamente una resoluciĂłn. La apremiante era la de sacar el proyectil, operaciĂłn difĂcil aunque no imposible. Sin embargo, la corbeta no tenĂa máquinas a propĂłsito, que habrĂan de ser de gran potencia y exactitud matemática. AsĂ, pues, resolvieron ir al puerto más cercano y avisar al “Gun-Club” de la caĂda del proyectil,