De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna ¡Aquella masa ígnea fue agrandándose a sus ojos, cayó con el ruido del trueno sobre el bauprés de la corbeta, que quebró al nivel de la proa y se hundió en las olas con un estampido atronador!
De haber caído unos pies más cerca, la Susquehanna hubiese zozobrado con tripulación y equipaje.
En aquel instante se presentó a medio vestir el capitán Blomsberry, y corriendo cómo los demás hacia el castillo de proa, preguntó:
—Con vuestro permiso, señores, ¿qué ha sucedido?
Y el joven guardiamarina, haciéndose intérprete de todos, exclamó:
—¡Comandante, son “ellos”, que vuelven!
XXI
Enorme emoción reinaba a bordo del Susquehanna. Oficiales y marineros olvidaban el terrible peligro que acababan de correr, la posibilidad de ser aplastados y hundidos, y no pensaban más que en la catástrofe con que terminaba aquel viaje: la empresa más atrevida de los tiempos antiguos y modernos, y que costaba la vida a los atrevidos aventureros que la habían intentado.
