De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna Finalmente, había que darse mucha prisa y J. T. Maston apremiaba día y noche a sus obreros. Él, por su parte, se hallaba dispuesto a ponerse la escafandra y a ensayar los aparatos de aire, para reconocer la situación de sus valerosos amigos. No obstante, a pesar de la diligencia empleada para la fabricación de los diferentes aparatos, a pesar de las considerables sumas qué puso a disposición del “Gun-Club” el Gobierno de los Estados Unidos, pasaron cinco días mortales, ¡cinco siglos! antes de que estuvieran terminados los preparativos. Durante este tiempo, la opinión pública se hallaba sobreexcitada en el más alto grado. Por todo el mundo se cruzaban telegramas pues el salvamento de Barbicane, Nicholl y Miguel Ardán había llegado a ser un asunto internacional. Todos los pueblos que habían tomado parte en el empréstito al “Gun-Club” se interesaban en la salvación de los viajeros.