De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna La exploración de Barbicane y sus amigos alrededor de la Luna había permitido el dominio del satélite de la Tierra. Aquellos sabios lo habían observado de visu, y en condiciones particulares, Se sabían ya los sistemas que debían desecharse y los que debían aceptarse, sobre la formación del astro, sobre su origen y sobre su habitabilidad. Se conocían los secretos de su pasado, su presente y su porvenir. ¿Qué objeciones podían oponerse a unos observadores concienzudos que habían medido a menos de 40 kilómetros aquellas curiosas montañas de Tycho, la más extraña del sistema orográfico lunar? ¿Qué podía responderse a los sabios cuyas miradas habían penetrado en los abismos del circo de Platón! ¿Cómo contradecir a aquellos hombres osados, a quienes los azares de su tentativa habían conducido hasta la parte invisible del disco lunar? Había ya derecho a poner límites a esa ciencia selenográfica que había formado el mundo lunar, como Cuvier el esqueleto de un fósil, y decir: ¡la Luna fue un mundo habitable y habitado antes qué la Tierra! ¡La Luna es hoy un mundo inhabitable e inhabitado!