De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna -Pero el hierro fundido es quebradizo -respondió Morgan.
-Sí, pero también muy resistente. Además, no reventará, respondo de ello.
-Un cañón puede reventar y ser bueno -replicó sentenciosamente J. T. Maston, abogando pro domu sua como si se sintiese aludido.
-Es evidente -respondió Barbicans-. Me permito, pues, suplicar a nuestro digno secretario que calcule el peso de un cañón de hierro fundido de 900
pies de longitud y de un diámetro interior o calibre de 9 pies, con un grueso de 6 pies en sus paredes.
-Al momento -respondió J. T. Maston.
Y como lo había hecho en la sesión anterior, hizo sus cálculos con una maravillosa facilidad, y dijo al cabo de un minuto:
-El cañón pesará 68.040 toneladas.
-¿Y a dos céntimos la libra, costará...?
-Dos millones quinientos diez mil setecientos un dólares. J. T. Maston, el mayor y el general, miraron con inquietud a Barbicane.
-Señores -dijo éste-, repito lo que dije ayer: estad tranquilos, los millones no nos faltarán.
Dadas estas seguridades por el presidente, la comisión se separó, quedando citados todos sus individuos para el día siguiente, en que celebrarían la tercera sesión.