Dos años de vacaciones
Dos años de vacaciones Seguramente que esto último acontecerÃa, pues sólo la calma podrÃa salvarla de un horroroso naufragio, cual lo es el que ocurre en medio del Océano, lejos de toda tierra, cuya presencia alienta siempre y hace muchas veces que algunos náufragos, reanimados por la esperanza, encuentren su salvación.
En la popa del Sloughi, y al lado del timón, se hallaban tres muchachos, uno de catorce años, otros dos de trece y un grumete de raza negra, que contaba apenas doce. Los pobres niños reunÃan sus fuerzas para impedir que las olas cogieran al schooner por los costados, haciéndole perecer. Era un trabajo muy rudo, porque la rueda del gobernalle, dando vueltas a pesar de los esfuerzos que las pobres criaturas hacÃan para dominarla, podÃa de un momento a otro sobreponerse a ellos y lanzarlos al mar. Un poco antes de las doce arreciaron tanto las olas que batÃan el flanco del yate, que puede considerarse como un milagro que no se rompiera el timón. Los golpes de mar eran rudÃsimos, y uno de ellos, muy fuerte, derribó a nuestros pequeños marineros, si bien pudieron éstos levantarse casi en seguida.
—¿Sirve todavÃa el timón? —preguntó uno de ellos.
—SÃ, Gordon —respondió otro muchacho, llamado Briant, que, habiendo vuelto a ocupar su sitio, conservaba toda su sangre frÃa.
Luego, dirigiéndose al tercero, dijo:
