El Archipiélago en llamas
El Archipiélago en llamas Y se le hubiese podido oÃr murmurar estas palabras:
—¡Será más seguro y menos caro!
Ambos montaron entonces en su araba y desaparecieron a la vuelta del camino que se dirigÃa hacia el interior de la isla.
Ya Hadjine Elizundo, arrastrada por Xaris, habÃa franqueado las vallas del batistan. Ya estaba en los brazos de Henry d’Albaret, que le decÃa apretándola contra su corazón:
—¡Hadjine!… ¡Hadjine!… HabrÃa sacrificado toda mi fortuna para rescataros…
—¡Como yo he sacrificado la mÃa para rescatar el honor de mi padre! —respondió la joven—. ¡SÃ, Henry!… ¡Ahora Hadjine Elizundo es pobre y digna de vos!