El Castillo de los Cárpatos
El Castillo de los Cárpatos En el momento en que penetraban los rayos del sol a través de las cortaduras del O., Frik se volvió; puso su mano, medio cerrada, a guisa de catalejo --como si hubiese hecho de ella una bocina-, y estuvo mirando atentamente.
En la claridad del horizonte, y como a una milla larga, muy empequeñecido por la distancia, se dibujaban los contornos de un antiguo castillo sobre una aislada cima de la garganta de Vulcano, la parte superior de una meseta, llamada «meseta de Orgall». Bajo los cambiantes de la luz poNicnte, se destacaba aquel edificio claramente con esa precisión de las vistas de un estereoscopo. Sin embargo, preciso era, que se hallase el pastor dotado de poderosa vista para distinguir algún detalle de aquella masa lejana.
Ved aquí que de repente, y moviendo la cabeza, exclama:
-«¡Viejo, viejo! ... ¡Cómo te pavoneas sobre tus cimientos! Tres años -más, y ya no existirás, -porque tu haya no tiene ya más que tres ramas.
