El Chancellor
El Chancellor Tan difícil es la comunicación entre las gavias, que únicamente los marineros, izándose por los estays pueden pasar de una a otra a través de los palos desde el coronamiento hasta el castillo de proa. La mar, que rompe sobre el casco como sobre una roca, va desprendiendo poco a poco las paredes del buque, cuyos tabiques procuramos recoger. ¡Espectáculo horrible para los pasajeros, refugiados en estrechas plataformas, que ven y oyen mugir el océano bajo sus pies! Los palos que salen del agua se estremecen y bambolean a cada golpe de mar, y puede creerse que van a ser arrastrados por las aguas.
Es preferible, por consiguiente, en este caso, no mirar y no reflexionar, porque el abismo atrae y se tienen tentaciones de precipitarse en él.
Mientras tanto, la tripulación trabaja incesantemente para construir la segunda balsa.
Los mástiles de gavia que sobresalen, los mástiles de juanete y las vergas, se emplean en esto y bajo la dirección de Roberto Kurtis ejecútase la obra lo más concienzudamente posible. Parece que el Chancellor no va ya a zozobrar, y, como ha dicho el capitán, es probable que durante algún tiempo permanezca así equilibrado entre dos aguas.