El Chancellor
El Chancellor CALOR EXCESIVO. — VARIAMOS DE RÉGIMEN. — OCÉANO INFINITO. — ¡BUQUE! — ERA UNA ILUSIÓN. — ABATIMIENTO. — DOLORES DE OWEN. — ENVENENADO
Del 9 al 10 de enero.
HOY vuelve a reinar la calma; el sol abrasa; la brisa ha cesado por completo y no se ve una sola arruga en las largas ondulaciones del mar, que se levanta insensiblemente.
Si no nos empuja alguna corriente, cuya direcciĂłn nos es imposible averiguar, la balsa debe estar absolutamente inmĂłvil.
El calor es hoy asfixiante, y, por consiguiente, nuestra sed es más grande que de ordinario. La falta de agua nos hace sufrir de un modo cruel por vez primera, y preveo que nos va a atormentar más aĂşn que el hambre. Ya la mayor parte de nosotros tienen la boca, la garganta y la faringe contraĂdas por la sequedad, y el aire cálido que aspiramos nos endurece las mucosas.
A instancias mĂas, el capitán ha modificado esta vez el rĂ©gimen habitual, concediendo doble raciĂłn de agua, merced a lo cual hemos podido apagar la sed cuatro veces al dĂa a pesar de que el agua conservada en el fondo de la barrica, aunque cubierta por una tela, está verdaderamente tibia.
En suma, el dĂa ha sido malo, y los marineros, bajo la influencia del hambre, vuelven a desesperarse.
