El Chancellor
El Chancellor MAR GRUESA. — ¿SE HA VUELTO LOCO EL CAPITÁN? — ASPECTO SINGULAR
Del 8 al 13 de octubre.
EL viento comenzó a soplar del Norte con cierta violencia, y el Chancellor, navegando bajo sus gavias, con rizos bajos y su mesana, se ha puesto a capa corrida.
La mar es muy gruesa, y el buque, cuyos tabiques de cámara gimen con ruido que crispa los nervios, se fatiga mucho. La mayoría de los pasajeros permanecen bajo la toldilla.
Yo prefiero estar en el puente, a pesar de que una fina lluvia, cuyas moléculas pulveriza el viento, me penetra hasta los huesos.
Esta situación dura dos días. El movimiento de las capas atmosféricas ha pasado de gran fresco a golpe de viento, y se calan los masteleros de juanete. El viento corre ahora con una velocidad de cincuenta a sesenta millas por hora, es decir, unos treinta metros por segundo.
A pesar de las excelentes condiciones del Chancellor, deriva mucho y vamos arrastrados hacia el Sur. El estado del cielo, oscurecido por las nubes, no permite tomar la altura, por lo que nos vemos obligados a suponerla, juzgando por deducción.
