El Chancellor
El Chancellor Persona de gran energía, sin embargo, aunque ahora está completamente abatido, es el contramaestre. Nadie lo conocería: con la cabeza inclinada sobre el pecho, las largas manos huesudas apoyadas en las rodillas cuyas rótulas agudas se señalan bajo el pantalón gastado, permanece invariablemente en un rincón de la balsa sin levantar nunca los ojos, Al contrario que la señorita Herbey, sólo vive para el cuerpo y su inmovilidad es tan completa que a veces creo que ha cesado de vivir.
Ya no se habla, y ni siquiera se gime en la balsa, donde reina el silencio más absoluto. No se cruzan diez palabras al día, y las pocas palabras que nuestra lengua y nuestros labios tumefactos y endurecidos pueden pronunciar son absolutamente ininteligibles. La balsa no lleva más que espectros extenuados y sin sangre, que no tienen ya nada de humano.