El Chancellor

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CAPÍTULO LIV

NO ME HABÍA EQUIVOCADO. — SÚPLICAS DE LA SEÑORITA HERBEY. — UN DÍA MÁS. — ESPERANZAS. — CADA CUAL VUELVE A SU SITIO. — ANOCHECE

Continuación del 26 de enero.

NO me había equivocado; el padre se sacrificaba por el hijo y, no teniendo que darle más que la vida, se la daba.

Aquellos hombres hambrientos no quieren esperar más. Los tormentos de sus entrañas se redoblan en presencia de la víctima que les está destinada. El señor Letourneur no es ya un hombre para ellos, que todavía no ha dicho nada, pero cuyos labios se adelantan en punta; sus dientes, que se descubren prontos a hundirse violentamente en las carnes, desgarrarían las del señor Letourneur como dientes de carnívoros con la voracidad brutal de las fieras. ¿Se espera, acaso, que se arrojen sobre la víctima y la devoren viva?

¿Quién creerá que en tales circunstancias se apela al resto de humanidad que alberguen en sus corazones, y que este llamamiento ha sido oído? Sí; una palabra los ha detenido en el momento en que iban a lanzarse sobre el señor Letourneur. El contramaestre, dispuesto a representar el papel de carnicero, y Daoulas que ya estaba con el hacha en la mano, han quedado inmóviles.

La señorita Herbey se adelanta, o, mejor dicho, se arrastra hacia ellos, y les dice:


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