El Chancellor
El Chancellor Después vuelve a subir al puente y me refiere lo ocurrido.
—Sà —le digo—, ese hombre tiene por lo menos enfermo el cerebro si no ha perdido completamente el juicio, por lo que resulta preferible haya abdicado el mando.
—Lo remplazo en circunstancias graves —me responde Roberto Kurtis—; pero cumpliré mi deber.
Esto dicho, Roberto Kurtis manda a un marinero a buscar al contramaestre, que acude en seguida.
—Contramaestre —le dice Roberto Kurtis—, reúna usted la tripulación al pie del palo mayor.
El contramaestre se retira y a los pocos momentos la tripulación del Chancellor está reunida en el sitio indicado.
—Muchachos —dice Roberto Kurtis con voz serena—, en la situación en que nos encontramos y por razones que no me son desconocidas, el señor Sila Huntly ha creÃdo deber renunciar a sus funciones de capitán, y me ha confiado el mando del buque.
De este modo, se ha efectuado este cambio que puede redundar en beneficio de todos, pues el nuevo capitán es un hombre enérgico y seguro, que no retrocederá ante ninguna medida para la salvación común.
Los Letourneur, el ingeniero Falsten y yo nos apresuramos a felicitar a Roberto Kurtis, y el teniente y el contramaestre unen sus cumplimientos a los nuestros.