El conde de Chanteleine
El conde de Chanteleine Algunos días de bienestar
Después de aquella terrible noche en el que la cólera de un pueblo entero se había desencadenado contra un hombre solo, la aldea de Douarnenez volvió a su calma habitual, sin que sus sencillos habitantes, que habían emprendido de nuevo sus acostumbradas faenas con más confianza, pensasen siquiera, cuando se vieron desembarazados de su párroco, en las terribles represalias que los republicanos podrían tomar al saber lo que había ocurrido con aquel sacerdote juramentado.
No sucedió lo mismo respecto al conde y a sus amigos, los cuales temieron que el primer uso que iba a hacer el fugitivo de su libertad era denunciar la agresión de los vecinos de Douarnenez, ante los delegados de la Convención; y por consiguiente esperaban recelosos que de un momento a otro llegaran los nacionales de Quimper, cuya visita había de poner en grave riesgo la vida de Chanteleine y de su hija.
Por espacio de unos días experimentaron pues, los huéspedes de Locmaillé una constante zozobra, y hasta Kernan empezó a hacer varios preparativos por si era necesario emprender una marcha repentina; pero felizmente pasaron algunas semanas sin que ningún acontecimiento extraordinario viniese a justificar aquellos temores de una invasión republicana, lo cual devolvió poco a poco la tranquilidad al conde y a sus amigos.
