El conde de Chanteleine
El conde de Chanteleine La partida
Bien se entenderá el efecto que produjo en los presentes la lectura de aquellas palabras.
María prorrumpió en sollozos, y Henry no pudo, pese a sus muchos esfuerzos, consolarla.
¿Dónde había ido el conde de Chanteleine? ¿Qué había motivado aquella marcha repentina? ¿Por qué aquel secreto que el mismo Kernan no había podido penetrar?
—¿Habrá ido a pelear? ¿Habrá ido a reunirse con los blancos?
Éstas fueron las primeras palabras de María.
—¡Pero sin mí!… —exclamó Kernan—. ¡Imposible!…
Con todo, reflexionando que María quedaba sola en el mundo, al apartarse de ella su padre, comprendió que el conde pudo dejarle en Douarnenez para que sirviese de apoyo a su sobrina. Entonces empezaron a convenir en la posibilidad de que Chanteleine hubiese ido a reunirse con los restos del ejército católico.
