El Rayo verde
El Rayo verde —Me gustarÃa volver aquà al caer la noche —dijo la señorita Campbell—. Me parece que serÃa una hora más favorable para nuestros recuerdos. Yo verÃa traer el cuerpo del desdichado Duncan. EscucharÃa las palabras de los sepultureros, tendiéndolo en la tierra consagrada a sus antepasados. ¿No cree ustedes, señor Sinclair, que la noche serÃa mucho más a propósito para evocar los duendes que guardan este cementerio real?
—SÃ, señorita Campbell, y creo que no rehusarÃan acudir a nuestra llamada.
—¡Cómo, señorita Campbell!, ¿cree usted en los duendes? —exclamó Aristobulus Ursiclos.
—¡Claro que creo en los duendes, como buena escocesa que soy! —contestó la señorita Campbell.
—Pero, realmente, usted sabe bien que todo esto es pura imaginación, que nada existe de tales fantasÃas.