El Rayo verde
El Rayo verde Pero, entonces, toda la tensión moral y física, tan sobrehumana, que había sostenido a Olivier Sinclair, tocó a su fin y el joven cayó sin sentido al pie de las rocas, después de haber depositado a la señorita Campbell entre los brazos de la señora Bess.
Pero sin su abnegado valor y su intrepidez, Elena no hubiera logrado salir con vida de la gruta de Fingal.
Comenzó a seguir el angosto resalto.