El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Un cerro o colina de mediana altura se eleva sobre la ribera derecha y lleva el mismo nombre que el pueblo construido a sus pies. En aquella época, Urbana poseía una población de cuatrocientos habitantes, repartidos en un centenar de casas, la mayor parte mulatos, mestizos de españoles e indios. No son labradores, y solamente algunos se dedican a la cría de las bestias. Aparte la recolección de la sarrapia y de los huevos de tortuga, el tiempo de la cual es limitado, no hacen otra cosa que pescar y cazar, mostrando inclinación a la ociosidad.

Viven a gusto, y sus casas ofrecen aspecto de bienestar, raro en aquellas lejanas regiones.
Miguel, Felipe y Varinas, el sargento Marcial y Juan de Kermor pensaban permanecer sólo una noche en Urbana. Llegados a las cinco de la tarde, la noche les bastaría para renovar sus provisiones de carne y legumbres, pues el pueblo estaba en condiciones de proveer a todas sus necesidades.
Lo mejor que podían hacer era dirigirse al jefe civil de la localidad, el que se apresuró a ofrecerles sus servicios y puso su morada a disposición de los pasajeros.