El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Era el tal un mulato de cincuenta años, y su autoridad se extiende sobre los blancos del distrito, contando también entre sus atribuciones la policía del río. Vivía con su mujer, de origen mestizo, y media docena de hijos de seis a diez y ocho años, varones y hembras, vigorosos y sanos.
Cuando supo que Miguel y sus dos compañeros eran elevados personajes de Ciudad-Bolívar, hízoles aún mejor acogida y les invitó a pasar la noche en su casa. La invitación se hizo extensiva a los pasajeros de la Gallinetta, complaciendo mucho a Juan de Kermor por pensar que tal vez allí encontraría ocasión de informarse de la suerte de sus dos compatriotas.
Los patrones Valdez y Martos se encargaron de hacer provisiones de azúcar, batatas, y sobre todo de harina de mandioca, molida con la piedra llamada el rayo, que se emplea comúnmente, por no decir siempre, en la fabricación del pan.
Las dos falcas habían arribado en la ribera, bastante escarpada, en el fondo de una ensenada en forma de puerto, y en el que estaban amarradas algunas canoas de pesca. Veíase allí también otra embarcación, guardada por un patrón indígena. Era la piragua de los dos exploradores franceses Jacques Helloch y Germán Paterne. Sus marineros les esperaban en Urbana desde hacía seis semanas, sin que hasta la fecha hubieran recibido noticias de ellos, y llenos de gran inquietud.