El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Por lo demás, no se trataba más que de remontarse hasta el pueblo de San Fernando, hasta el punto en que el Guaviare y el Atabapo vierten sus aguas, a algunos kilómetros el uno del otro. Cuando se comprobara que uno y otro no eran, no podÃan ser, más que simples afluentes, preciso serÃa dar la razón a Miguel y confirmar al Orinoco su estado civil de rÃo, del que no podÃan desposeerle otras indignas corrientes de agua.
No hay que extrañar que esta resolución, nacida en el curso de tormentosa disputa, fuera inmediatamente realizada, como tampoco el ruido que produjo en el mundo cientÃfico y entre las clases superiores de Ciudad-BolÃvar, y que apasionase bien pronto a toda la República venezolana.
