El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Formaba este paso una especie de raudal, de acceso poco fácil durante la estación seca. Sin embargo, su anchura no es comparable a la de otros raudales que las falcas debían encontrar en las proximidades de Atures, a unas treinta leguas sobre el curso superior del Orinoco. No hubo, pues, necesidad de efectuar el desembarco del material ni de proceder a esos acarreos que ocasionan tantas fatigas y retrasos.
El terreno, a la derecha del río, presentaba a aquella altura un aspecto muy diferente. No era ya inmensidad de planicies que se extendía hasta el horizonte, donde se perfilaban las montañas. Los movimientos del suelo, muy acentuados y muy frecuentes, formaban tumescencias abandonadas de extraño aspecto, disposición orográfica que en el Este formaba verdaderas cadenas. Parecía una especie de cordillera ribereña que contrastaba con los llanos de la ribera derecha. Entre estos cerros podían distinguirse los de Carichana, caprichosamente dibujados en medio de una región cubierta de árboles y lujuriante verdura.
Por la tarde, cuando la ribera derecha se convirtió en plana, las piraguas se elevaron hacia la izquierda, a fin de remontar el raudal de Cariben, único paso practicable que el río ofrece en este sitio.