El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco —Demasiado complaciente, sobrino… Por lo demás, ¡qué diablo!, aquà estoy yo, y como se me ponga un pecarà a tiro, le derribaré tan certeramente como ese Helloch.
Sonrió el joven, y tendiendo la mano a su compañero, murmuró:
—Felizmente, todas estás cortesÃas, que no me agradan, terminarán en San Fernando.
Partióse al dÃa siguiente, al alba, cuando los pasajeros reposaban aún en sus lechos. El viento parecÃa bien establecido al Norte, y los patrones Valdez, Martos y Parchal, saliendo a buena hora, esperaban llegar la tarde misma a Cariben, algunos kilómetros más abajo de la desembocadura del Meta.
Durante el dÃa no hubo incidente alguno en la navegación. Las aguas del rÃo estaban entonces bastante altas, y las piraguas pudieron franquear las caprichosas angosturas entre los arrecifes, principalmente las del extremo superior de la isla Parguaza, nombre del rÃo que desemboca en la ribera derecha.