El soberbio Orinoco

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Tal es también la opinión de Chaffanjon, como declaró Juan.

Un mono limpiado y asado a fuego lento, según la moda india, hasta tomar un color dorado apetitoso, es un manjar escogido.

Aquella noche fue preciso contentarse con los pecaríes, que se repartieron entre las tres piraguas. Seguramente el sargento Marcial hubiera hecho mal en rehusar la parte que le entregó Jacques Helloch, atención que el joven agradeció diciendo:

—Si nuestro compatriota hace el elogio del mono asado, no alaba menos los méritos del pecarí y asegura no haber comido cosa mejor durante el curso de su expedición.

—Tiene razón, señor De Kermor —respondió Jacques Helloch—, y a falta de monos…

—¡Se comen mirlos! —respondió el sargento Marcial, que consideró esta respuesta como un delicado cumplido.

En realidad, estos pecaríes, llamados báquiras en lengua india, estaban deliciosos, y el sargento Marcial tuvo que convenir en ello. Sin embargo, como declaró a Juan, estaba resuelto a no comer nunca más que aquellos que él hubiese matado con su propia mano.

—Sin embargo, tío, es difícil rehusar… Helloch es muy complaciente.


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