El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Precisamente había allí algunas familias de mapoyes, con los que Miguel y Jacques entablaron relaciones. Cuando las piraguas arribaron, ellos desembarcaron a fin de dedicarse a la caza, y no sin resultado.
Al pronto, siguiendo las costumbres del país, las mujeres huyeron al aproximarse aquellos extranjeros, y no reaparecieron hasta después de haberse cubierto con la larga camisa, que las cubre de manera casi decente. Antes no llevaban más que el taparrabo, como los hombres, y no tenían más velo que su larga cabellera. Estos indios se distinguen entre los diversos pueblos que forman la población indígena de Venezuela central. Robustos, de recios músculos y bien formados, dan idea de fuerza y de salud.
Gracias a su concurso, los cazadores pudieron penetrar a través del espeso bosque que se presenta a la desembocadura del Sinaruco.
Dos tiros hicieron caer a dos pecaríes de gran tamaño, sin hablar de los que en el curso de la cacería fueron dirigidos inútilmente a una bandada de capuchinos, monos dignos sin duda de esta designación de congregantes.
—Es difícil acercarse a ellos —dijo Miguel—; y en cuanto a mí, jamás he tocado a uno. Me han hecho perder pólvora y plomo.
—Y es de lamentar, Miguel. Pues un mono bien guisado ofrece a los gourmets excelente regalo.