El soberbio Orinoco

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Fue, pues, gran suerte que Germán Paterne, en su calidad de naturalista botánico, hubiese hecho estudios de Medicina y que a bordo de la Moriche hubiera un botiquín.

Germán Paterne, pues, prodigó sus cuidados al sargento Marcial, y no se extrañará que Jacques Helloch mostrase gran apresuramiento en ir en su ayuda.

De este concurso de circunstancias resultó que la Gallinetta iba a contar durante las primeras horas de navegación con dos pasajeros más, los cuales no vieron sin conmoverse el afecto que Juan de Kermor atestiguaba al viejo soldado.

Después de haber examinado la herida, Germán Paterne reconoció que la punta de la flecha se había hundido tres centímetros, sin tocar ningún músculo ni nervio. De aquí que no había temor de que la herida tuviera consecuencias graves si la flecha no estaba envenenada, pues con frecuencia los indios del Orinoco mojan sus flechas en un líquido conocido con el nombre de curare. Este líquido está compuesto de jugo de mayaca, bejuco de la familia de las strychneas, y de algunas gotas de veneno de serpiente. Este producto, negruzco, brillante como el regaliz, es muy empleado por los indígenas. Parece que en otra época los indios otomacos, citados en las relaciones de Humboldt, mojaban la uña de su índice con esta sustancia y comunicaban el veneno con un solo frotamiento de su mano.


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