El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco ALGUNAS OBSERVACIONES DE GERMÁN PATERNE
La partida de las tres piraguas se efectuó al día siguiente a las primeras horas del día. La víspera por la tarde se había procedido al reembarco del material; y como durante el paso por el raudal no había sobrevenido avería alguna, el viaje no experimentó retraso.
Tal vez los pasajeros iban a ser menos favorecidos entre Atures y la aldea de San Fernando. El viento, que tendía a calmarse, no bastaría para impulsar las falcas contra la corriente del Orinoco. Pero como la brisa soplaba aún del Norte, las velas fueron izadas en espera de tener que recurrir a la espía o a las palancas.
Inútil es decir que cada grupo había ocupado su sitio en su piragua. El sargento Marcial y Juan de Kermor, a bordo de la Gallinetta; Miguel, Varinas y Felipe, a bordo de la Maripare; Jacques Helloch y Germán Paterne a bordo de la Moriche.
Tanto como era posible se navegaba en línea, y frecuentemente —el sargento no lo observaba sin gruñir sordamente— la Monche marchaba junto a la Gallinetta, lo que permitía conversar a los pasajeros de ambas.